31 ene 2016
Un buen retiro
No hay nada como un buen retiro de vez en cuando, alejarse del persistente ruido que perturba nuestra mente, a veces desde las mejores intenciones e ideas para cambiar el mundo. ¡Es tan fácil dejarse atrapar por aquello que alimenta nuestro ego! Es agradable, y sin duda necesario, poner nuestro esfuerzo en aquellos proyectos que llevan en sí la semilla del cambio, es un hermoso camino de autorrealización poder expresar con palabras y actos todo nuestro potencial, nuestro saber y experiencia acumulados en muchos años, es un maravilloso privilegio sentir que tienes algo que decir y que otros te escuchan. Con todo, es necesario ser precavidos. Las ideas, por muy lindas o brillantes que nos parezcan, son sólo ideas, tienen sus propias estrategias y apenas les importa quiénes somos, penetran y ocupan nuestra mente y nos llevan a creer que no podemos vivir sin ellas, nos quitan tiempo de descanso, de silencio y de amistosa relación para que nos dediquemos exclusivamente a ellas, nos atrapan, nos confunden, nunca nos dejan solos, nos acusan y nos hacen acusar a otros, llegando incluso odiar a otras personas que no piensan como nosotros. Y no digo que no necesitemos ideas que nos inspiren, nos motiven y nos permitan expresar nuestro ser y nuestro amor por el mundo. Sólo digo que, de vez en cuando, cuando nos sentimos absorbidos por tantas ideas, propuestas, proyectos, inmediatos haceres, que reclaman nuestra presencia consciente, llenando un tiempo que ya no deja espacio para el descanso, para un compartir íntimo y silencioso con uno mismo, entonces es necesario alejarse de todo ello, visitar uno de esos muchos lugares que transmiten paz, reconectar con la fuente que sostiene la vida, sin palabras, ni proyectos, ni obligaciones. Sólo murmullos, en el discurrir del agua, el trepidar de las hojas, el canto de los pájaros, y sí, la voz suave, cariñosa y amable de quién encuentres a tu paso.
1 dic 2015
Fronteras políticas
Nunca me he sentido a gusto con las fronteras políticas, aun cuando una vez me declaré una persona fronteriza. Las fronteras naturales y culturales son lugares mágicos, cargados de energía, abiertos a influjos muy diversos. Al atravesar una frontera una persona puede sentir incertidumbre o cierto temor ante lo desconocido, a la vez que se nutre de una corriente profunda que recorre sin cesar el tránsito entre ambos mundos. De un lado a otro nos esperan otras gentes, otras palabras, otras costumbres, otras forma de estar y relacionarse, un paisaje moldeado diferentemente por el clima y las costumbres humanas… Fronterizas son las personas que prefieren vivir en los límites de cualquier sistema, que inventan sus propias normas y prácticas, que incorporan palabras de aquí y allá en su expresión cotidiana, que no se conforman con ningún saber ni poder establecido. Las fronteras políticas son otra cosa, básicamente un apropiamiento de un territorio por un grupo de personas que dice tener derechos sobre él. Nunca me han gustado, durante siglos han sido la causa de innumerables guerras, también son cárceles para algunas personas que no pueden huir de su miseria, o condominios de lujo para quien no quiere compartir sus privilegios. “No existe nada más odioso que las fronteras —decía ya en 1918 Herman Hess—, nada más estúpido. Mientras reina el buen sentido no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan la guerra o la demencia, se convierten en importantes y sagradas. ¡Y entonces se convierten en tortura y prisión, para nosotros, los caminantes!” Para nosotras, las personas fronterizas, para quienes no creemos en dogmas ni en verdades absolutas, para quienes la humanidad es una y la Tierra nuestra casa.
5 sept 2015
Mind in life
Mind in life es el título de un libro que estoy leyendo en estos momentos y que ha sido escrito por Evan Thompson, colaborador de Francisco Varela y coautor de la teoría enactiva de la mente. Esta teoría afirma algo bien sencillo: donde hay vida hay mente, incluso en su forma más compleja la mente pertenece a la vida. Todos los seres vivos, desde la célula más simple al sofisticado ser humano, tienen por tanto mente, o mejor dicho, realizan actividades que se pueden llamar mentales. No es necesario disponer de un cerebro para aprender y responder ‘inteligentemente’ a las demandas de un entorno cambiante, basta tener un ‘cuerpo’ capaz de organizarse autónomamente y de relacionarse (en)activamente con el mundo. El cerebro sólo aparece cuando la vida se pone en movimiento, es un elemento básico para la coordinación de percepción y acción. El sistema nervioso del que disponen algunos seres vivos añade complejidad a la mente, pero no cambia su esencia. No ‘controla' el cuerpo ni el comportamiento. Se trata de un sistema autónomo que se dedica a generar y mantener sus propios patrones de actividad de manera coherente y significativa, a partir de la información que le llega desde el propio cuerpo y de las relaciones que establece dicho ser vivo con el mundo. Toda actividad mental (percibir, pensar, sentir, imaginar…) es el resultado emergente de recurrentes patrones de actividad que implican al cerebro, al cuerpo y al mundo. “Mental life is bodily life and is situated in the world”, afirma Thompson. Por otra parte, ese mundo que percibimos y con el que nos relacionamos no es en realidad algo externo y dado objetivamente, no es algo que podamos representar internamente en nuestra mente (tampoco es algo ficticio o irreal). Es más bien un dominio relacional, diferente para cada ser vivo, recreado en cada instante, en cada interacción que dicho ser vivo mantiene con él. Los seres humanos, todos los seres vivos, todos los seres, cocreamos el mundo en cada instante, con cada decisión que tomamos, con cada paso que damos, con cada acción, cada encuentro. Nos hacemos a la vez, el mundo y nosotros, el mundo nos hace y nosotros hacemos el mundo, en un proceso espiral en el que en cada vuelta la conciencia se expande y el espíritu se manifiesta.
30 jun 2015
Serenidad
Siempre viene bien un poco de serenidad, un horizonte limpio y sin nubes en la raíz de la palabra, un alma tranquila, apacible, límpida, en su significado moderno. No es extraño que nuestro horizonte interno esté cargado de nubarrones, ideas no contrastadas, prejuicios, apegos, recuerdos emocionalmente activos, expectativas imposibles…, que nos llevan a actuar desde el temor a ser destruidos por nuestra tormenta interior, sin poder ver qué hay más allá de lo inmediato, y a buscar refugio rápido en patrones tan conocidos como inútiles, cuando no perjudiciales, aferrándonos a ideas que una vez hicimos nuestras sin cuestionarnos si todavía nos sirven. De hecho, casi siempre actuamos desde ahí, desde el temor a la gran nube gris que cubre nuestra visión profunda. Un alma serena es un alma abierta a la inmensidad azulada de un cielo y un mar en la que todo se diluye, todas las ideas, pasadas, presentes y futuras. Es un alma abierta a la nada, a ese espacio vacío en el que todo es posible, y del cual emerge todo lo que es. Encontramos serenidad adentrándonos en silencio en un bosque profundo, contemplando el cielo en una noche estrellada, escuchando el rugir de las olas junto al mar, o simplemente cerrando los ojos y respirando, sintiendo que estamos vivos.
3 jun 2015
Notas sueltas sobre la idea de participación
En todo grupo u organización, en una sociedad cada vez más global y enredada, la participación es importante al menos por dos razones: Como necesidad individual la gente quiere que su voz sea escuchada y tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones que les afectan. Y como necesidad colectiva, los grupos necesitan suficiente diversidad para generar procesos indagatorios y decisorios creativos e innovadores, capaces de dar respuesta a los difíciles y complejos retos que se les plantean.
A nivel individual se debe distinguir entre la necesidad de pertenencia y la necesidad de participación. La primera es una de las necesidades más básicas del ser humano, tan antigua como él mismo. Ser parte de un grupo, ser aceptado y reconocido por sus miembros, recibir afecto y poder dar afecto, todo ello ayuda a conformar nuestra identidad social, a sentirnos cómodos en un yo que se nutre y crece en la relación que mantiene con otros individuos de un mismo grupo. Por el contrario, la necesidad de participación es más reciente, e implica un salto de conciencia desde un individuo al que le bastaba con 'ser parte', con ser aceptado y acogido, a un individuo que quiere además 'tomar parte' en las decisiones colectivas y que su voz sea escuchada y tenida en cuenta en procesos decisorios a poder ser transparentes e inclusivos. Si antes las decisiones eran exclusiva de líderes y poderosos, el individuo participante reivindica ahora la creación de espacios de participación en los que quepan todas las voces, en los que todos puedan aportar sus conocimientos y experiencias, y en los que algo nuevo puede emerger. Pero así como todo el mundo necesita afectivamente ser parte de algún grupo, no todo el mundo necesita participar activamente en la toma de decisiones, y menos cuando el espacio decisorio se basa exclusivamente en el uso racional de la palabra, algo que no es fácil para mucha gente y que genera diferencias insalvables. Otras formas de participación son necesarias.
La necesidad de participación es reciente porque depende de un individuo consciente de su poder, consciente de su capacidad para influir en procesos relevantes para el y para el grupo del que forma parte, consciente de que el grupo necesita de su participación. Esta conciencia no ha existido a nivel masivo hasta hace relativamente poco, y su aparición coincide con la creciente complejidad de los procesos sociales y la consolidación de los valores democráticos. A lo largo de la historia del ser humano, las decisiones han estado en manos de líderes, más o menos democráticos, más o menos elegidos, pero siempre con el poder para hacerlas cumplir, fuera cual fuera la decisión, aunque hubiera que recurrir a la fuerza para ello. En la actualidad este tipo de liderazgo no sirve, incapaz de dar respuesta a los retos que plantea la complejizacion del sistema social. No es por casualidad que cuando los grupos y organizaciones humanas requieren más participación para afrontar los retos a los que se enfrentan, las personas van ganando conciencia de su ser como individuos participantes, empiezan a reconocer su necesidad de participación, de mostrarse activos en aquellos procesos de los que forman parte.
La necesidad de participación, individual y colectiva, desafortunadamente no va acompañada de un saber sobre cómo participar o cómo generar una participación mayor o de más calidad. Habituados a patrones de no participación, a espacios en los que las decisiones se toman por la fuerza, por quienes tienen poder, o por votaciones en las que una mayoría se impone sobre una minoría apenas considerada, cuando no por la intervención de un tercero que dirime entre partes enfrentadas, personas y grupos reproducen inconscientemente los mismos esquemas de dominación encubierta o control de la mayoría en un intento desesperado de “resolver” situaciones difíciles en espacios que inicialmente quieren ser más participativos e inclusivos. En este contexto, la facilitación de grupos es una herramienta que pretende dar respuesta a la necesidad de los grupos de mejorar sus procesos decisorios e indagatorios y alcanzar resultados que satisfagan por igual los objetivos del grupo y los diferentes intereses de sus miembros.
1 jun 2015
Entrevista
Entrevista aparecida en el diario Noticias de Gipuzkoa, el 20 de mayo de 2015
“Camino se hace al andar”, el título de su libro, es una constatación poética. ¿Cómo se traduce a la práctica?
La idea obvia detrás de un título así es que las personas creamos nuestro destino conforme caminamos hacia él, no hay una meta esperándonos o no la conocemos, y lo que importa es cómo hacemos el camino. En la práctica implica ganar más consciencia de las consecuencias de nuestros actos, sobre todo ahora que sabemos que la suma de millones de pequeños actos cotidianos tiene una repercusión enorme en el planeta. Hablo de cosas tan sencillas cómo cerrar el grifo de agua mientras lavamos los platos, apagar las luces que no utilizamos, dedicar tiempo de calidad a la familia y los amigos, utilizar el transporte público, pasear más, poner atención en dónde guardamos nuestros ahorros, saludar a nuestros vecinos, resolver las diferencias a través del diálogo, fomentar una actitud positiva ante la vida, etc.
El Camino del Elder es una transformación total de valores. ¿Cree de verdad que puede lograrse por personas acomodadas a los valores al uso?
A diferencia del líder que nos enseña un camino, el élder nos invita a hacerlo juntos. No nos dice dónde debemos ir sino cómo podemos organizarnos para que podamos encontrar el camino entre todos, a partir de lo que cada uno aporta, respetando la diversidad y la diferencia. El élder ánima y sostiene el espacio de participación de un grupo, o de la sociedad en su conjunto, invitándonos a escuchar todas las voces, a ganar consciencia de las inevitables diferencias de poder que se dan en todo grupo para que no sean causa de abusos, marginación y exclusión. Sus valores son modernos y antiguos. Habla de solidaridad, apoyo mutuo, cuidado, escucha, respeto, conciencia, etc. Todos estos valores forman parte de la larga tradición humanista que define nuestra cultura y que está recibiendo un gran impulso en la actualidad. Ciertamente se opone, o mejor dicho, intenta superar, una idea más individualista, utilitarista o instrumental del ser humano que también está presente en nuestra cultura desde hace unos 150 años, que ha sido valiosa durante un tiempo, pero que ahora mismo es incapaz de encarar adecuadamente los grandes retos que debe afrontar la humanidad, en sociedades cada vez más complejas.
Explique de manera convincente y realista su escala de valores para mejorar la calidad de vida.
Como decía el élder habla de solidaridad y apoyo mutuo, de cuidar las personas y la tierra, de escucha empática y respeto por la diferencia, de ganar conciencia en todo lo que hacemos. Por más esfuerzos que se hacen, la desigualdad social y económica no deja de crecer en todo el mundo. Numerosos estudios demuestran que la desigualdad es un importante factor en la pérdida de calidad de vida general de un país, influyendo en la salud física y mental de las personas, en el nivel de estrés social, en una menor productividad económica, etc. Esto quiere decir que los esfuerzos realizados no son suficientes, que no basta con medidas políticas simples, es necesario llegar al nivel de los valores de la gente a través de la educación y de la difusión de modelos de vida y trabajo que lo están haciendo bien.
Individuo versus comunidad. ¿Es la utopía?
Los seres humanos no hemos dejado de proyectarnos nunca hacia el futuro, definiendo numerosas formas de utopía a lo largo de la historia. Finalmente el resultado de lo que hemos sido capaces de crear juntos depende de numerosos factores, algunos de los cuales ni siquiera podemos controlar. La formación y desarrollo del individuo moderno ha sido un largo proceso de varios miles de años que tiene como principal valor el reconocimiento de todas las personas por lo que son, seres humanos, con iguales derechos y oportunidades. Debemos estar agradecidos por ello. Con todo, es bien posible que estemos entrando en otro largo ciclo de la historia en el que puede no tener sentido seguir aumentando la idea de la libertad individual, de sumar más derechos a un individuo que ya tiene muchos. La comunidad surge en este contexto no para limitar derechos de las personas, sino para proponer un salto en la manera de ver las cosas: juntos podemos más, podemos llegar más lejos, resolver problemas que no tienen solución desde la perspectiva individualista. Necesitamos la sinergía que se da entre las personas cuando se les permite participar libremente en proyectos cooperativos, necesitamos la fuerza y el poder de grupos, organizaciones y comunidades bien cohesionadas y dispuestas a trabajar por objetivos comunes definidos entre todos. Es casi una exigencia evolutiva.
Cuénteme cómo un profesor de Matemáticas llega a la conclusión creativa de regenerar el medio rural.
En los inicios de mi camino personal, y tras muchos años de vivir en una ciudad, pensé que necesitaba reconectar con la naturaleza y con una forma de vida más sencilla, más apegada a lo rural. En la actualidad mis necesidades y mi propia visión ha cambiado. Me interesa más el tema relacional, el cómo podemos crear grupos, organizaciones y comunidades más sostenibles desde el punto de vista social, capaces de organizarse internamente a partir de la sabiduría que tenemos entre todos y de decidir colectivamente nuestro futuro, no dejándolo en las manos de los poderosos sino asumiendo nuestro poder, nuestra capacidad de cambio.
¿Qué van a aprender quienes asistan a su taller? ¿Y en qué consistirá?
El Camino del Élder es un camino de transformación personal y colectiva. Ofrece herramientas para que los grupos, organizaciones y comunidades se organicen mejor, mejoren sus procesos internos de funcionamiento, especialmente a la hora de tomar decisiones y gestionar los conflictos, y consigan así mejorar sus resultados, reforzando su resiliencia y capacidad de adaptación a un entorno cada vez más complejo y en permanente cambio. Y también ofrece indicaciones para desarrollar habilidades personales, sobre todo en relación con la capacidad de escucha y el uso de una comunicación más asertiva y empática, el reconocimiento de nuestros roles habituales y cómo podemos cambiarlos, ganar conciencia del poder que tenemos y cómo abusamos sin querer de él, abandonar el victimismo como estrategia y desarrollar una actitud más creativa ante la vida, etc. En este taller de introducción se presentan las herramientas y técnicas y se invita a los participantes a empezar a desarrollar algunas de estas habilidades. Todas las herramientas y propuestas de trabajo personal están fundamentadas en investigaciones actuales enmarcadas en la teoría de los sistemas complejos, incluyendo ideas que proceden de la psicología social y la dinámica de grupos, de la filosofía y de las neurociencias.
30 abr 2015
Nada, no saber nada
Nada, no saber nada, no pretender saber nada, observar el vacío que atraviesa el instante y dejarse llevar por el flujo de las cosas con la extraña sensación de quien se siente en paz. Y ¿qué hacer entonces ante tanta injusticia presente en el mundo, tanta miseria y destrucción? ¿Debemos quedarnos parados y contemplar en silencio horrores y desastres que acompañan el devenir del ser humano en la Tierra? Nada, no saber nada, no pretender siquiera que tenemos respuestas para estas inquietantes preguntas. Si el flujo de la vida nos lleva a resistir, resistamos con la conciencia anclada en lo que está vivo en cada instante, mientras nos abrimos a un futuro que emerge sin contornos claros, sin el apego a un saber que siempre es incompleto. Si nos lleva a liderar, seamos buenos líderes, mostremos un camino que poder seguir sin la certeza de que sea el único camino, abiertos a la exploración compartida, a la diversidad de voces que nos acompañan. Si nos lleva a contemplar, hagámoslo con la suficiente compasión para no desdeñar a quienes resisten o lideran, a quienes se expresan en público o se quejan en silencio. También son hijos del silencio. Nada, no saber nada, quedarse sin referencias ni modelos, sin ideas fijadas en recuerdos pretéritos o en expectativas que tal vez no lleguen nunca, ¡qué maravilloso lugar para reencontrarse con el ser humano!
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