28 may 2011

En las plazas

Todo parece indicar que una época termina, la del individuo orgulloso de sí mismo, celoso de su libertad, soberbio en su autonomía, en su pretendida capacidad para resolver por él mismo todos los problemas. Para su desdicha, la vida se complica —o tal vez habría que decir se complejifica, se hace más compleja, más rica y variada en cuanto a las interacciones que conforman el tejido de la vida—, y ese individuo de otro tiempo de pronto se da cuenta que su inteligencia no es tan grande como pensaba, y que de hecho no alcanza para resolver los retos que plantea ahora la vida. Se da cuenta que necesita abandonar su pedestal, incorporar otras voces; algunas cercanas, otras profundas y misteriosas.
Y otra época comienza, la del individuo participante. Sin duda un individuo, pero capaz de crear y sostener espacios de participación abiertos a todas las voces, espacios de seguridad y confianza donde poder expresarse sin temor, desde lo que cada uno es, creativamente. Un individuo consciente de sus limites, pero que ha encontrado en el otro una elegante manera de superarlos. Lo que desde el miedo produce separación, desde la confianza y el amor produce conexión. Esto es la red, una estructura por la que circula información, recursos, afectos... El individuo participante es un ser enREDado. Un ser que  entiende y aprecia la compleja trama de la vida y se siente parte de ella. Un ser que sabe que la vida es relación, red, comunidad.
Está ahí, en las plazas.

PD: Para saber más sobre las características del Individuo Participante, ver:  http://www.selba.org/UlisesEscritos/IndividuoParticipante.pdf

29 abr 2011

La vida está en otra parte

La vie est ailleurs. La vida está en otra parte, afirmaba Rimbaud, consciente de que muchas personas viven la vida con una insatisfacción permanente y profunda, que les lleva a mirar siempre hacia otro lado, a buscar en otra parte la fuente que pueda colmar su sed. No llegan a encontrarla, pues al llegar a un lugar pronto descubren que en realidad ese lugar no era lo que parecía, que para su pesar ahí tampoco se halla la vida, haciendo que la insatisfacción vuelva a apoderarse de ellas. En el momento de partir hacia otro lado, algunas personas se van simplemente resignadas por no haber encontrado nada; otras, por el contrario, lanzan su resentimiento contra el lugar que las ha ‘traicionado’ —’no era lo que decía ser’, afirman rotundas, cargadas de razones para culpar a otros de su propia carencia. Triste destino pues para quien se va resentido, siempre proyectando hacia otro sitio para finalmente vivir ‘deproyectado’, sin proyecto, y sin sentido. Desafortunado para el que se queda, maldecido ahora por quien no supo ver, obligado a justificarse ante quien vendrá después. Y en verdad la vida está en otra parte si quien la busca es un yo de por sí insatisfecho. Sólo que entonces, no es necesario ir muy lejos para encontrarla.

31 mar 2011

La importancia de la mirada

En casa cada mañana cuando me levanto y miro por la ventana, lo primero que veo es el campo, el bosque de pinos y robles que me rodea, la sierra de Guara al sur. Una naturaleza cambiante a lo largo del año, el blanco del invierno, la explosión de verde y de colores en primavera, el amarillo caluroso del verano... Cuando me reúno con gente, la mayor parte de las veces veo personas voluntariosas, con ganas de dar lo mejor de sí mismas, personas amorosas y compasivas, en general abiertas a la diversidad de seres y culturas que pueblan la Tierra. También de naturaleza cambiante, con días grises en los que la frustración, la rabia o la tristeza parecen dominar sus actos, y con días soleados en los que el cuerpo es puro movimiento y la expresión una sonrisa... Cada día la Tierra y sus gentes, con su bondad y su humor variable, están ahí al alcance de mi mirada. He tenido que aprender a verlos, cambiar mi posición, conformar una mirada que se entrega en su mirar, una mirada de acogida, de respeto y, claro, una mirada estricta y severa a veces, plácida, sonriente, pícara, otras. No me ha sido fácil desplegar esa mirada, de hecho todavía no es permanente, es frágil e inestable, aunque decidida y valiente. Es una mirada que atiende a ese lugar íntimo y profundo desde donde surgen las cosas, antes de convertirse en la diversidad de gestos y acciones que nos envuelven. Por último, es una mirada que invita a mirar abiertamente, a superar el miedo que nos atenaza y dejarnos ver y que otros nos miren. ¿Te interesa? Abre entonces los ojos, apaga la televisión, explora tu ser interior y enrédate con la tierra y la gente. El mundo no es como nos lo pintan. Lo que encuentres al mirar de nuevo tampoco será fácil, pero al menos lo descubrirás por ti mism@ y sabrás que para cada dificultad, la solución estará en tus manos.

27 feb 2011

Desgarro

A veces siento un profundo desgarro en mi ser, entre un yo que vive acuciado por la idea de que le falta tiempo para hacer todo lo que le gustaría, a la par que oculta su deseo un tanto vanidoso de ser visto y apreciado; y una voz interior que me invita a relajarme, a no hacer nada. Al menos nada que no surja del instante, nada que suponga una carga insostenible, nada que no sea un fluir sencillo con lo que es. Mi yo tira de mi hacia muchos lados, inconsciente de sus limitaciones, de su finitud, y me apremia con la embriagante melodía de que el mundo me necesita y quiere escuchar mi voz, en realidad su voz. Como resultado, mi corazón se pone a palpitar veloz mientras mi cuerpo se estremece y grita silencioso su hambre de reposo. Desde dentro, la voz de sabiduría me recuerda, respira, simplemente respira, lenta y profundamente. Cuando ya la calma se instala en mis células y la tensión disminuye, una idea me golpea con fuerza, una idea muchas veces oída y que ahora adquiere todo su sentido: una voz violenta transmite sobre todo violencia; una voz enojada, enojo; una voz estresada, estrés. Entonces me pregunto: ¿es eso lo que quiero aportar al mundo, estrés adornado con hermosas palabras de cambio? ¿De qué sirve tanta actividad, tanta propuesta, tanto hacer, si más allá de palabras y hechos, el campo emocional de la humanidad se llena de violencia, rabia o estrés? Y me desgarro, entre un yo que, tal vez un tanto vanidoso, se quiere dar completamente al mundo, y una voz interior que me dice, para. Y respira.

28 ene 2011

Mirar hacia afuera

Tú, sí, tú que estás ahí al otro lado de estas líneas. Tengo que confesarte un secreto. Es posible que en estos últimos años te hayan dicho una y otra vez que eres único, que eres única, que tienes algo único y maravilloso que aportar a este mundo, que puedes encontrar lo singular que te caracteriza en tu ser íntimo, y que para que tal singularidad se revele y todo el mundo pueda apreciarla basta con aprender a mirar dentro de ti, desprenderte de todo lo accesorio que te rodea y ser capaz de conectar con la esencia última de tu ser. Déjame que te diga que eso tiene trampa, una estrategia más para nutrir tu individualismo, para consolar tu ego, seguramente falto de estima, confuso y triste por la ausencia de un poder que se aleja y que te hace cada más dependiente. No tienes trabajo, no tienes para pagar tus deudas, no tienes de qué comer, no tienes quien cuide de tu hijo cuando lo necesitas, pero no te preocupes, eres un ser único. Ja! Piensa bien, claro que tienes algo único, tu familia es única, tus amigos son únicos, tus correrías de niño o niña en tu barrio fueron únicas, todas tus vivencias son únicas, todo lo que conoces a través de ellas es único, todas tus relaciones son únicas. Lo que te hace único, lo que te hace única, es precisamente ese tejido de relaciones que creas en tu vida, esa red expresiva por la que circulan afectos, recursos y conocimiento. Es ahí donde se halla la fuente de tu poder, y para encontrarla además de mirar dentro ti —y desprenderte de aquello que te impide verla—, es necesario aprender a mirar hacia afuera. Cuando lo consigas verás gente igualita a ti, con tus mismos problemas y dificultades, con tus mismas ilusiones y ganas de construir un mundo mejor, y a la vez tan diferente de ti, con sus propias ideas y opiniones, con su forma de ver y estar en el mundo, con su propia experiencia vital. Es en tu relación con ellos que aprenderás a conocerte, es en cada nueva vivencia con ellos que se mostrará y expandirá tu ser. Ya termino. Sólo me queda decirte que te necesito, nos necesitamos. Necesitamos redes sólidas que vehículen apoyo mutuo, cuidado y afectos, alimentos y recursos para la vida, ideas y proyectos para la construcción de otro mundo en el que cada ser sea apreciado como un ser único, pues única es su participación en la danza de la vida. Gracias por estar ahí y no mirar sólo hacia dentro.

5 ene 2011

El llamado del águila

'Volamos como pájaros, volamos muy alto'. Creo que fuimos unos 300, casi 500 durante el fin de semana, pero sobre todo éramos muchos, volando muy alto. Eramos muchos en diversidad de lugares de origen, en edades y experiencias vitales, en lenguas y conocimientos almacenados en cada una de ellas, en actitudes ante la vida y en maneras de expresarnos. Muchas fueron las interacciones, los encuentros y los contactos, muchas las palabras que se alzaron, las ideas que se formularon, los acuerdos alcanzados. Muchas las emociones que recorrieron el lugar, que nos acompañaron y sustentaron. Desde el fuego sagrado de las tradiciones hasta el fuego sagrado de las relaciones, desde el campamento Om Sua hasta el tipi de los jóvenes, desde el espacio del arte y la cultura hasta la carpa de plenarias y ecología, desde el temazcal que nos alimentaba el espíritu hasta el pequeño bareto que servía café, atoles y pasteles. Todo esto y mucho más fue el Llamado del Águila, encuentro para la acción biorregional, una aldea de paz con los colores del arco iris que durante diez días se levantó en Temictla, en tierras de Chalmita, a unas decenas de kilómetros del DF.
Vinimos a hablar y hablamos, de ecología, permacultura, ecoaldeas, comunidades, pueblos en transición (consejo de ecología); de salud y del cuidado del cuerpo, de las plantas medicinales y de sus usos, de estilos de vida (consejo de salud); de tradiciones y sabiduría ancestral aplicada a la vida, de rituales y maneras de conectar con lo invisible (consejos de tradiciones y de espiritualidad); de lo que estamos haciendo y lo que hemos hecho, dejamos que los mayores nos contaran sus historias y los escuchamos con respeto, dejamos a los jóvenes que nos contaran sus sueños, que nos hablaran del mundo en el que quieren vivir, y los escuchamos con pasión. Finalmente dejamos aflorar la voz del alma y terminamos cantando y bailando en una fiesta colectiva que nos hermanaba como un único ser, una única voz que llevar al mundo.
Vinimos a sentir y sentimos, en los rituales y círculos que acompañaban al fuego sagrado, en los vaporosos cantos que surgían de los temazcales, con la palabra cálida de ese desconocido que se sentaba o caminaba a tu lado, en la medicina sabiamente administrada por quienes nunca hicieron otra cosa. Nos encontrábamos en una mirada de asombro o de alegría, en una voz de grito o llanto; en un gesto sin palabras que todos sabíamos traducir, en un 'sé que estás ahí, agradezco tu presencia'. Sentimos el silencio húmedo de la noche junto al fuego, la risa de los niños llenar el espacio en un mar de esperanza, el futuro emerger en cada palabra o gesto, en el movimiento de los cuerpos danzando.
Y venimos a disfrutar y disfrutamos, en el baile y en el canto, en el roce de una mano amiga, con la música que surgía en cualquier instante improvisada o que llenaba el campamento en una noche de espectáculo y fiesta. Disfrutamos con la comida, tanto que parecía que nunca llegaba el momento de sentarse y comer, o tal vez es que nunca llegaba el momento. Disfrutamos de la amabilidad, el buen hacer, las palabras sabias y amables de quienes tanto hicieron por que este encuentro fuera real.
Disfrutamos y nos comprometimos. A alimentar la energía que nos impulsa, a hacerla posible en la cotidianeidad de los días, a cambiar el mundo en cada instante, a mantener la voz en otros foros, a seguir creando, creciendo, volando. Pues 'volamos como pájaros, volamos muy alto, alrededor del cielo, con alas de luz'.