30 nov 2011
Un lugar para vivir
Cuando miro el mar a lo lejos, descubro un lugar para soñar, más allá del horizonte, más allá de los barcos piratas, corsarios y bucaneros, de las islas desiertas con palmeras y robinsones; más allá de donde sale o se pone el sol. Cuando ya la vista se pierde y las imágenes brotan de ese espacio brumoso entre la realidad y el sueño, descubro la mano de un niño que busca mi mano y, con su sonrisa, me pide que lo acompañe en mi visita. El niño me guía por senderos de tierra, entre casas de barro y tejados de paja, ventanas redondas y portales abiertos. Entre quienes remedan una vieja red de pescar y arreglan vasijas de latón; entre quienes trabajan la huerta con sus manos y recogen leña caída del bosque. La sonrisa de un niño se descubre azorada en las caras de los adultos cuando me saludan al pasar, palabras escasas y poblados silencios, gestos suaves y acogedores, y pelusas en el aire, calentitas, llenas de amor y ternura. Cuando miro al mar, desde lejos, descubro un lugar para vivir, más acá del horizonte, más acá de playas abarrotadas y apartamentos vacíos en invierno, más acá de las grandes ciudades y las autopistas que las unen, de la velocidad y el vértigo por llegar a tiempo sin saber dónde llegar, más acá del dinero y lo que quiere comprar. Donde ya la vista se pierde y las imágenes brotan como fruto de una visión compartida, descubro la mano de un niño que busca mi mano y entonces sé que ya no podemos esperar más.
2 nov 2011
Aprecio
Por qué te aprecio, me preguntas. A pesar de tus gritos, tus reproches, o esa indiferencia con la que me tratas a veces. Aunque te cueste creerlo, aunque sólo recuerdes mis momentos de enojo, mi mirada rabiosa y llena de desafío, mi supuesta burla de lo que tanto valoras. Por qué te aprecio, te preguntas incrédulo, negando el abrazo de quien sólo puede ser tu enemigo, finalmente la mejor razón para no cambiar nada en tu vida.
Y sin embargo, te aprecio, porque tienes el valor de decirme a la cara lo que no te gusta, de decir en voz alta todo aquello que, viniendo de mi, limita tus alas. No, no pienso que tengas razón, al menos no siempre, pero no me importa. Lo que realmente me importa es que puedes tener razón, puedes estar diciéndome algo que me cuesta ver, algo que tiendo a negar o esconder, puedes hacerme dudar de aquello que creo. Gracias a ti, puedo aprender, cambiar y crecer. ¿Cómo no iba a quererte por ello? ¿Cómo no agradecer el esfuerzo que haces? Lo sé, no eres mi amigo ni quieres serlo, no me das consuelo ni me acompañas en momentos de silencio, sólo me criticas y juzgas sin descanso, por todo lo que digo o hago. A veces es probable que estés equivocado, que tu crítica sea injusta y tu dolor un simple recuerdo de vivencias pasadas. Y con todo, te necesito y valoro tu esfuerzo, contigo aprendo y de alguna manera eres mi maestro. Por todo eso, te aprecio.
Y sin embargo, te aprecio, porque tienes el valor de decirme a la cara lo que no te gusta, de decir en voz alta todo aquello que, viniendo de mi, limita tus alas. No, no pienso que tengas razón, al menos no siempre, pero no me importa. Lo que realmente me importa es que puedes tener razón, puedes estar diciéndome algo que me cuesta ver, algo que tiendo a negar o esconder, puedes hacerme dudar de aquello que creo. Gracias a ti, puedo aprender, cambiar y crecer. ¿Cómo no iba a quererte por ello? ¿Cómo no agradecer el esfuerzo que haces? Lo sé, no eres mi amigo ni quieres serlo, no me das consuelo ni me acompañas en momentos de silencio, sólo me criticas y juzgas sin descanso, por todo lo que digo o hago. A veces es probable que estés equivocado, que tu crítica sea injusta y tu dolor un simple recuerdo de vivencias pasadas. Y con todo, te necesito y valoro tu esfuerzo, contigo aprendo y de alguna manera eres mi maestro. Por todo eso, te aprecio.
1 oct 2011
Un ser que puede
Cuando me dejo llevar, cuando me siento lleno, con la energía de un pájaro capaz de volar alto, lejos y alto, conecto con un ser que no conoce límites, un ser que habita en mi y que, más allá de cualquier atributo, simplemente puede. Puede ser serio cuando la ocasión lo requiere, asumir la gravedad de ciertos asuntos humanos. Y puede ser un payaso, un ser divertido, dicharachero y jovial, cuando se trata de alegrar el aire con sonrisas, o sostener un vacío con encanto. En ocasiones puede aparecer ignorante, cuando las palabras llenan un espacio, tan densas y pesadas que mejor quedar callado y dejar que te tomen por bobo. Y puede parecer sabio, cuando su palabra es justa, o la que el momento necesita, una palabra atrapada al vuelo desde ese pozo de sabiduría que a todos nos conecta. Puede estar tiempo solo, embobado observando un saltamontes beber agua de una hoja de hierba, ensimismado en mundos internos, plagados de recuerdos, imágenes y cantos; atónito ante el grandioso espectáculo del atardecer o de un cielo estrellado. O puede buscar a la gente, querer su compañía, para pasar el rato, charlar y bailar, o para emprender proyectos de cambio. Como decía, ese ser que me habita, que no soy yo, pero tampoco es otro, no conoce límites. No se desespera, tampoco se queja, a veces solo, pero casi siempre en compañía, él hace su camino.
21 sept 2011
Asumir la diversidad
Hay días en los que, tras un sueño demasiado ligero, me levanto cansado, sin apenas fuerzas para enfocarme en lo que quiero hacer, o para reconocer la vida fluyendo dentro de mi. Otros, por el contrario, me levanto jovial, alegre, lleno de vitalidad y deseo de proyectar mi ser en el mundo. Hay días en que todo me irrita o me agrede, pasando fácilmente al ataque contra quien considero la causa de mi malestar, o quejándome abiertamente en un grito clamoroso sin destinatario definido. Hay días en que siento dolor en el cuerpo, días teñidos de gris y profunda melancolía, días de angustia por un futuro y presente inciertos. Otros, al contrario, soy amor en constante entrega, o me siento lleno de una paz de espíritu que colma mi ser. Hay días para todos los gustos y, a veces, todos los gustos se reúnen en un mismo día.
A pesar de una práctica consciente y constante para mantenerme en mi centro, tanta diversidad emocional no me resulta fácil de llevar, sobre todo, esos días grises, extraña mezcla de tristeza y desánimo, que se cuelan sigilosamente en el por lo demás placentero transcurrir de las cosas. Tampoco llevo siempre bien el encuentro con quien piensa diferente, con quien ve el mundo con otros ojos, desde una perspectiva que se me escapa, que no entiendo, y que, si me descuido, puedo tachar de arrogante, autoritaria o malévola. ¡Ojalá todos mis días tuvieran el color y el aroma de las rosas, la alegría de unas notas afrolatin o el calor de una hoguera en invierno! Mi primer pensamiento, mi sueño, este ojalá, de que pase algo, ahí, afuera, que me permita disfrutar de mi mismo tal como quiero ser. Mi segundo pensamiento, mi desgarro, nada puede pasar ahí afuera porque el problema está en mi, en mis limitaciones, mi incapacidad para vivir la vida como se merece, para aceptar lo diferente, lo que no comprendo. Afortunadamente, y según dicen los sabios, ambas ideas son falsas, o al menos poco efectivas para que algo cambie. ¡Lástima que a veces necesitemos toda una vida para darnos cuenta!
Una tercera idea surge entonces espiralando ideas más antiguas, y me dice que yo soy todo lo que soy, todos mis estados de ánimo, soy la tristeza y la alegría, soy el placer y el dolor, soy la paz y soy la rabia; también soy lo que somos, lo que co-creamos juntos, en pareja, en familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad y en el mundo, y tu dolor es mi dolor, tu alegría es mi alegría, tu rabia es mi rabia; y cuando siento tristeza, es tu tristeza y la mía lo que expreso, y cuando me siento jovial, es tu dicha y la mía lo que expreso. Cuando discrepo contigo, son tus palabras y las mías las que contienen el mejor futuro posible para ambos. Soy lo que somos, con todo lo que ello implica, una enorme diversidad de sentimientos, pero también una aún mayor diversidad de ideas, de creencias, de formas de ver el mundo. Todo está en mi, todos los sentimientos, todos los deseos, todas las ideas, toda la humanidad, toda la vida, el universo entero está en mi o se expresa a través de mi... Ay! por ahora sólo es una idea, pero tan persistente que poco a poco va calando en el tejido de mi ser.
Una idea difícil de asumir, pues si ya me cuesta asumir la diversidad de mis estados de ánimo, ¿cómo voy a asumir además que la diversidad de ideas, de formas de ver el mundo, también está en mi? ¿Cómo podría asumir lo que no creo, lo que no me gusta, lo que no quiero ser? ¿Cómo asumir lo que hacen o dicen ciertas personas, grupos e instituciones sociales, dirigentes y gobernantes, cuando veo que sus palabras y acciones están tan lejos de mi? Y sin embargo, ¿puede ser de otra manera? ¿Acaso no es el universo uno y a la vez lleno de galaxias, estrellas y planetas. Una estrella, un planeta, no serían mucho por sí mismos. Su luz, su fuerza provienen de ser parte de dicho universo. Sí, son diferentes, todos los planetas de nuestro sistema solar son diferentes, alguno con hermosos anillos, otros con colores imposibles. Y con todo, más allá de cualquier diferencia aparente, todos ellos son el universo, o mejor dicho, el universo entero está en ellos. Desde ese instante primigenio en que no había separación, el universo entero se expresa a través de ellos. Una vez, hace millones de años, todos los planetas, todas las estrellas, todas las galaxias surgieron de un instante indiferenciado que contenía en sí todo el universo, y al hacerlo crearon el espacio y el tiempo, crearon la diversidad de estrellas y de planetas que hoy conocemos, dieron forma, todos juntos, al universo. Y entonces surgió la vida. En todas sus formas actuales, animales, plantas, hongos o bacterias, la vida es una, expresión y evolución de ese instante único en que la materia se auto-organiza en torno a una membrana robusta y flexible, capaz de robar un pedazo de espacio al entorno para crear un mundo interior. Desde entonces la vida ha adoptado multitud de formas, dando lugar a una gran diversidad de seres vivos, pero como vida es simplemente una, la vida.
¿Por qué los seres humanos habríamos de ser diferentes? ¿No es más lógico pensar que nuestra presencia contribuye a desarrollar la capacidad expresiva del universo y de la vida? En algún momento la capacidad auto-organizadora de la vida dio un salto cualitativo y generó el lenguaje y la conciencia a partir de una forma viva. Nuestras ideas actuales, por muy diferentes que nos parezcan, surgen todas de ese momento único, en el que vida, lenguaje y conciencia se entretejen de manera irreversible. Mi predilección por ciertas ideas o formas culturales no puede ocultar que ese momento único, primigenio, está en mi, implicado en los átomos de mi cuerpo cuando expreso el universo, implicado en las células de mi cuerpo cuando expreso la vida, implicado en las imágenes de mi mente cuando expreso el lenguaje y la conciencia. Soy universo, vida, pensamiento y conciencia, todo ello contraído en los pliegues de mi ser. Qué puedo decir a quien aparentemente se opone a mi —una montaña, un árbol, un animal, un ser humano—, más allá de reconocerlo como un igual, otro ser capaz de contraer mundos, vida, palabras... Qué puedo decirle más allá de respetarlo en su diferencia y agradecer su existencia, pues sólo a través de él soy más consciente de la grandeza del universo, de la vida, de la conciencia.
A pesar de una práctica consciente y constante para mantenerme en mi centro, tanta diversidad emocional no me resulta fácil de llevar, sobre todo, esos días grises, extraña mezcla de tristeza y desánimo, que se cuelan sigilosamente en el por lo demás placentero transcurrir de las cosas. Tampoco llevo siempre bien el encuentro con quien piensa diferente, con quien ve el mundo con otros ojos, desde una perspectiva que se me escapa, que no entiendo, y que, si me descuido, puedo tachar de arrogante, autoritaria o malévola. ¡Ojalá todos mis días tuvieran el color y el aroma de las rosas, la alegría de unas notas afrolatin o el calor de una hoguera en invierno! Mi primer pensamiento, mi sueño, este ojalá, de que pase algo, ahí, afuera, que me permita disfrutar de mi mismo tal como quiero ser. Mi segundo pensamiento, mi desgarro, nada puede pasar ahí afuera porque el problema está en mi, en mis limitaciones, mi incapacidad para vivir la vida como se merece, para aceptar lo diferente, lo que no comprendo. Afortunadamente, y según dicen los sabios, ambas ideas son falsas, o al menos poco efectivas para que algo cambie. ¡Lástima que a veces necesitemos toda una vida para darnos cuenta!
Una tercera idea surge entonces espiralando ideas más antiguas, y me dice que yo soy todo lo que soy, todos mis estados de ánimo, soy la tristeza y la alegría, soy el placer y el dolor, soy la paz y soy la rabia; también soy lo que somos, lo que co-creamos juntos, en pareja, en familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad y en el mundo, y tu dolor es mi dolor, tu alegría es mi alegría, tu rabia es mi rabia; y cuando siento tristeza, es tu tristeza y la mía lo que expreso, y cuando me siento jovial, es tu dicha y la mía lo que expreso. Cuando discrepo contigo, son tus palabras y las mías las que contienen el mejor futuro posible para ambos. Soy lo que somos, con todo lo que ello implica, una enorme diversidad de sentimientos, pero también una aún mayor diversidad de ideas, de creencias, de formas de ver el mundo. Todo está en mi, todos los sentimientos, todos los deseos, todas las ideas, toda la humanidad, toda la vida, el universo entero está en mi o se expresa a través de mi... Ay! por ahora sólo es una idea, pero tan persistente que poco a poco va calando en el tejido de mi ser.
Una idea difícil de asumir, pues si ya me cuesta asumir la diversidad de mis estados de ánimo, ¿cómo voy a asumir además que la diversidad de ideas, de formas de ver el mundo, también está en mi? ¿Cómo podría asumir lo que no creo, lo que no me gusta, lo que no quiero ser? ¿Cómo asumir lo que hacen o dicen ciertas personas, grupos e instituciones sociales, dirigentes y gobernantes, cuando veo que sus palabras y acciones están tan lejos de mi? Y sin embargo, ¿puede ser de otra manera? ¿Acaso no es el universo uno y a la vez lleno de galaxias, estrellas y planetas. Una estrella, un planeta, no serían mucho por sí mismos. Su luz, su fuerza provienen de ser parte de dicho universo. Sí, son diferentes, todos los planetas de nuestro sistema solar son diferentes, alguno con hermosos anillos, otros con colores imposibles. Y con todo, más allá de cualquier diferencia aparente, todos ellos son el universo, o mejor dicho, el universo entero está en ellos. Desde ese instante primigenio en que no había separación, el universo entero se expresa a través de ellos. Una vez, hace millones de años, todos los planetas, todas las estrellas, todas las galaxias surgieron de un instante indiferenciado que contenía en sí todo el universo, y al hacerlo crearon el espacio y el tiempo, crearon la diversidad de estrellas y de planetas que hoy conocemos, dieron forma, todos juntos, al universo. Y entonces surgió la vida. En todas sus formas actuales, animales, plantas, hongos o bacterias, la vida es una, expresión y evolución de ese instante único en que la materia se auto-organiza en torno a una membrana robusta y flexible, capaz de robar un pedazo de espacio al entorno para crear un mundo interior. Desde entonces la vida ha adoptado multitud de formas, dando lugar a una gran diversidad de seres vivos, pero como vida es simplemente una, la vida.
¿Por qué los seres humanos habríamos de ser diferentes? ¿No es más lógico pensar que nuestra presencia contribuye a desarrollar la capacidad expresiva del universo y de la vida? En algún momento la capacidad auto-organizadora de la vida dio un salto cualitativo y generó el lenguaje y la conciencia a partir de una forma viva. Nuestras ideas actuales, por muy diferentes que nos parezcan, surgen todas de ese momento único, en el que vida, lenguaje y conciencia se entretejen de manera irreversible. Mi predilección por ciertas ideas o formas culturales no puede ocultar que ese momento único, primigenio, está en mi, implicado en los átomos de mi cuerpo cuando expreso el universo, implicado en las células de mi cuerpo cuando expreso la vida, implicado en las imágenes de mi mente cuando expreso el lenguaje y la conciencia. Soy universo, vida, pensamiento y conciencia, todo ello contraído en los pliegues de mi ser. Qué puedo decir a quien aparentemente se opone a mi —una montaña, un árbol, un animal, un ser humano—, más allá de reconocerlo como un igual, otro ser capaz de contraer mundos, vida, palabras... Qué puedo decirle más allá de respetarlo en su diferencia y agradecer su existencia, pues sólo a través de él soy más consciente de la grandeza del universo, de la vida, de la conciencia.
2 sept 2011
Neuronas espejo
Me resulta interesante observar cómo el reconocimiento inmediato del otro, algo que ya conocían bien los fenomenólogos —“Vivo en la expresión facial del otro, como lo siento a él vivir en la mía”, Merleau Ponty—, está ahora siendo confirmado por la neurociencia, que ha localizado en las neuronas espejo la facultad que nos permite vivir la experiencia del otro como si fuera nuestra propia experiencia, estableciendo así una base sólida para la ‘empatía’, pero también para la aparición del lenguaje y la intersubjetividad, la capacidad que tenemos los seres humanos para compartir significados. Y todo ello sin necesidad de que intervengan capacidades cognitivas superiores, como el pensamiento o la razón. Se trata más bien de un reconocimiento inmediato, a nivel inconsciente, basado en dos hechos tan sencillos como la capacidad imitativa del ser humano —esta es la principal función de las neuronas espejo: imitan las acciones y gestos de otras personas—, y algo que los neurocientíficos llaman la mente corporeizada, básicamente el reconocimiento de que la mente es inseparable del cuerpo, y que por tanto pensamientos, movimientos (acciones y gestos) y emociones están intrínsecamente ligados. De manera que a las neuronas espejo les basta con percibir la expresión física del otro para imitarla sin dificultad y reproducir en nuestro ser la experiencia interna del otro como si fuera nuestra. Lo sorprendente es que la ciencia haya tardado tanto en descubrir algo que, por otra parte, resulta obvio si, en lugar de partir de la creencia de que somos individuos autónomos y separados del resto de seres vivos, hubiera partido de otra idea, de largo recorrido en tradiciones indígenas y espirituales, que asume el carácter inseparable de la vida y la ilusión de toda individuación.
4 jul 2011
¿Se nos escapa algo?
Uno de mis aprendizajes de los últimos años ha sido reconocer que en toda situación puede haber algo que se nos escapa, algo que no vemos y que puede ser determinante a la hora de tomar una decisión. Por eso es bueno dejar espacio a lo imprevisto, a esa voz que nos advierte, tal vez confusamente, de que estamos ignorando un aspecto crucial. Para mi es ahora una actitud asentada, procurando estar receptivo a quien me alerta de algo que no había tenido en cuenta. Como lo es también confiar en que lo que yo no soy capaz de ver, otras personas pueden aportarlo. Esto supone, por supuesto, abandonar ideas fijas de cómo deben hacerse las cosas, asumir la incertidumbre como manera de estar en el mundo (y aceptar las críticas que dicha posición conlleva), y desde ahí acoger cualquier aportación que puedan hacer otras personas y que pueda traer un poco de luz al momento que estamos viviendo.
Dicho esto, ¿qué se nos escapa en una situación como la actual, en la que hay tanta gente frustrada, indignada, con las prácticas de gobernantes, políticos y especuladores financieros? Es fácil protestar y pedir responsabilidades a otros, pero ¿no tendremos también nosotr@s alguna responsabilidad en lo que acontece en el mundo? ¿no se nos escapa algo?
Dicho esto, ¿qué se nos escapa en una situación como la actual, en la que hay tanta gente frustrada, indignada, con las prácticas de gobernantes, políticos y especuladores financieros? Es fácil protestar y pedir responsabilidades a otros, pero ¿no tendremos también nosotr@s alguna responsabilidad en lo que acontece en el mundo? ¿no se nos escapa algo?
28 may 2011
En las plazas
Todo parece indicar que una época termina, la del individuo orgulloso de sí mismo, celoso de su libertad, soberbio en su autonomía, en su pretendida capacidad para resolver por él mismo todos los problemas. Para su desdicha, la vida se complica —o tal vez habría que decir se complejifica, se hace más compleja, más rica y variada en cuanto a las interacciones que conforman el tejido de la vida—, y ese individuo de otro tiempo de pronto se da cuenta que su inteligencia no es tan grande como pensaba, y que de hecho no alcanza para resolver los retos que plantea ahora la vida. Se da cuenta que necesita abandonar su pedestal, incorporar otras voces; algunas cercanas, otras profundas y misteriosas.
Y otra época comienza, la del individuo participante. Sin duda un individuo, pero capaz de crear y sostener espacios de participación abiertos a todas las voces, espacios de seguridad y confianza donde poder expresarse sin temor, desde lo que cada uno es, creativamente. Un individuo consciente de sus limites, pero que ha encontrado en el otro una elegante manera de superarlos. Lo que desde el miedo produce separación, desde la confianza y el amor produce conexión. Esto es la red, una estructura por la que circula información, recursos, afectos... El individuo participante es un ser enREDado. Un ser que entiende y aprecia la compleja trama de la vida y se siente parte de ella. Un ser que sabe que la vida es relación, red, comunidad.
Está ahí, en las plazas.
PD: Para saber más sobre las características del Individuo Participante, ver: http://www.selba.org/UlisesEscritos/IndividuoParticipante.pdf
Y otra época comienza, la del individuo participante. Sin duda un individuo, pero capaz de crear y sostener espacios de participación abiertos a todas las voces, espacios de seguridad y confianza donde poder expresarse sin temor, desde lo que cada uno es, creativamente. Un individuo consciente de sus limites, pero que ha encontrado en el otro una elegante manera de superarlos. Lo que desde el miedo produce separación, desde la confianza y el amor produce conexión. Esto es la red, una estructura por la que circula información, recursos, afectos... El individuo participante es un ser enREDado. Un ser que entiende y aprecia la compleja trama de la vida y se siente parte de ella. Un ser que sabe que la vida es relación, red, comunidad.
Está ahí, en las plazas.
PD: Para saber más sobre las características del Individuo Participante, ver: http://www.selba.org/UlisesEscritos/IndividuoParticipante.pdf
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