1 jun 2015

Entrevista

Entrevista aparecida en el diario Noticias de Gipuzkoa, el 20 de mayo de 2015



“Camino se hace al andar”, el título de su libro, es una constatación poética. ¿Cómo se traduce a la práctica?

La idea obvia detrás de un título así es que las personas creamos nuestro destino conforme caminamos hacia él, no hay una meta esperándonos o no la conocemos, y lo que importa es cómo hacemos el camino. En la práctica implica ganar más consciencia de las consecuencias de nuestros actos, sobre todo ahora que sabemos que la suma de millones de pequeños actos cotidianos tiene una repercusión enorme en el planeta. Hablo de cosas tan sencillas cómo cerrar el grifo de agua mientras lavamos los platos, apagar las luces que no utilizamos, dedicar tiempo de calidad a la familia y los amigos, utilizar el transporte público, pasear más, poner atención en dónde guardamos nuestros ahorros, saludar a nuestros vecinos, resolver las diferencias a través del diálogo, fomentar una actitud positiva ante la vida, etc. 

El Camino del Elder es una transformación total de valores.  ¿Cree de verdad que puede lograrse por personas acomodadas a los valores al uso?

A diferencia del líder que nos enseña un camino, el élder nos invita a hacerlo juntos. No nos dice dónde debemos ir sino cómo podemos organizarnos para que podamos encontrar el camino entre todos, a partir de lo que cada uno aporta, respetando la diversidad y la diferencia. El élder ánima y sostiene el espacio de participación de un grupo, o de la sociedad en su conjunto, invitándonos a escuchar todas las voces, a ganar consciencia de las inevitables diferencias de poder que se dan en todo grupo para que no sean causa de abusos, marginación y exclusión. Sus valores son modernos y antiguos. Habla de solidaridad, apoyo mutuo, cuidado, escucha, respeto, conciencia, etc. Todos estos valores forman parte de la larga tradición humanista que define nuestra cultura y que está recibiendo un gran impulso en la actualidad. Ciertamente se opone, o mejor dicho, intenta superar, una idea más individualista, utilitarista o instrumental del ser humano que también está presente en nuestra cultura desde hace unos 150 años, que ha sido valiosa durante un tiempo, pero que ahora mismo es incapaz de encarar adecuadamente los grandes retos que debe afrontar la humanidad, en sociedades cada vez más complejas.

Explique de manera convincente y realista su escala de valores para mejorar la calidad de vida.

Como decía el élder habla de solidaridad y apoyo mutuo, de cuidar las personas y la tierra, de escucha empática y respeto por la diferencia, de ganar conciencia en todo lo que hacemos. Por más esfuerzos que se hacen, la desigualdad social y económica no deja de crecer en todo el mundo. Numerosos estudios demuestran que la desigualdad es un importante factor en la pérdida de calidad de vida general de un país, influyendo en la salud física y mental de las personas, en el nivel de estrés social, en una menor productividad económica, etc. Esto quiere decir que los esfuerzos realizados no son suficientes, que no basta con medidas políticas simples, es necesario llegar al nivel de los valores de la gente a través de la educación y de la difusión de modelos de vida y trabajo que lo están haciendo bien. 

 Individuo versus comunidad. ¿Es la utopía?

Los seres humanos no hemos dejado de proyectarnos nunca hacia el futuro, definiendo numerosas formas de utopía a lo largo de la historia. Finalmente el resultado de lo que hemos sido capaces de crear juntos depende de numerosos factores, algunos de los cuales ni siquiera podemos controlar. La formación y desarrollo del individuo moderno ha sido un largo proceso de varios miles de años que tiene como principal valor el reconocimiento de todas las personas por lo que son, seres humanos, con iguales derechos y oportunidades. Debemos estar agradecidos por ello. Con todo, es bien posible que estemos entrando en otro largo ciclo de la historia en el que puede no tener sentido seguir aumentando la idea de la libertad individual, de sumar más derechos a un individuo que ya tiene muchos. La comunidad surge en este contexto no para limitar derechos de las personas, sino para proponer un salto en la manera de ver las cosas: juntos podemos más, podemos llegar más lejos, resolver problemas que no tienen solución desde la perspectiva individualista. Necesitamos la sinergía que se da entre las personas cuando se les permite participar libremente en proyectos cooperativos, necesitamos la fuerza y el poder de grupos, organizaciones y comunidades bien cohesionadas y dispuestas a trabajar por objetivos comunes definidos entre todos. Es casi una exigencia evolutiva. 

Cuénteme cómo un profesor de Matemáticas llega a la conclusión creativa de regenerar el medio rural.

En los inicios de mi camino personal, y tras muchos años de vivir en una ciudad, pensé que necesitaba reconectar con la naturaleza y con una forma de vida más sencilla, más apegada a lo rural. En la actualidad mis necesidades y mi propia visión ha cambiado. Me interesa más el tema relacional, el cómo podemos crear grupos, organizaciones y comunidades más sostenibles desde el punto de vista social, capaces de organizarse internamente a partir de la sabiduría que tenemos entre todos y de decidir colectivamente nuestro futuro, no dejándolo en las manos de los poderosos sino asumiendo nuestro poder, nuestra capacidad de cambio.

¿Qué van a aprender quienes asistan a su taller? ¿Y en qué consistirá?

El Camino del Élder es un camino de transformación personal y colectiva. Ofrece herramientas para que los grupos, organizaciones y comunidades se organicen mejor, mejoren sus procesos internos de funcionamiento, especialmente a la hora de tomar decisiones y gestionar los conflictos, y consigan así mejorar sus resultados, reforzando su resiliencia y capacidad de adaptación a un entorno cada vez más complejo y en permanente cambio. Y también ofrece indicaciones para desarrollar habilidades personales, sobre todo en relación con la capacidad de escucha y el uso de una comunicación más asertiva y empática, el reconocimiento de nuestros roles habituales y cómo podemos cambiarlos, ganar conciencia del poder que tenemos y cómo abusamos sin querer de él, abandonar el victimismo como estrategia y desarrollar una actitud más creativa ante la vida, etc. En este taller de introducción se presentan las herramientas y técnicas y se invita a los participantes a empezar a desarrollar algunas de estas habilidades. Todas las herramientas y propuestas de trabajo personal están fundamentadas en investigaciones actuales enmarcadas en la teoría de los sistemas complejos, incluyendo ideas que proceden de la psicología social y la dinámica de grupos, de la filosofía y de las neurociencias. 

30 abr 2015

Nada, no saber nada

Nada, no saber nada, no pretender saber nada, observar el vacío que atraviesa el instante y dejarse llevar por el flujo de las cosas con la extraña sensación de quien se siente en paz. Y ¿qué hacer entonces ante tanta injusticia presente en el mundo, tanta miseria y destrucción? ¿Debemos quedarnos parados y contemplar en silencio horrores y desastres que acompañan el devenir del ser humano en la Tierra? Nada, no saber nada, no pretender siquiera que tenemos respuestas para estas inquietantes preguntas. Si el flujo de la vida nos lleva a resistir, resistamos con la conciencia anclada en lo que está vivo en cada instante, mientras nos abrimos a un futuro que emerge sin contornos claros, sin el apego a un saber que siempre es incompleto. Si nos lleva a liderar, seamos buenos líderes, mostremos un camino que poder seguir sin la certeza de que sea el único camino, abiertos a la exploración compartida, a la diversidad de voces que nos acompañan. Si nos lleva a contemplar, hagámoslo con la suficiente compasión para no desdeñar a quienes resisten o lideran, a quienes se expresan en público o se quejan en silencio. También son hijos del silencio. Nada, no saber nada, quedarse sin referencias ni modelos, sin ideas fijadas en recuerdos pretéritos o en expectativas que tal vez no lleguen nunca, ¡qué maravilloso lugar para reencontrarse con el ser humano!

5 mar 2015

Igualdad y diferencia

Con el tiempo, igualdad y diferencia se han ido relevando dos conceptos clave en mi vida, mostrándose claramente en su equivocidad a la par que iba comprendiendo poco a poco su significado. Hoy sé que las cosas pueden ser iguales y diferentes sin entrar por ello en contradicción. Y que muchos de los conflictos que tenemos las personas tienen que ver con la presencia de una diferencia vivida como amenaza junto con una incapacidad para reconocer la igualdad esencial que la sostiene. Comprendí que la diferencia no se nos presenta inmediatamente, sino que es algo que los seres humanos captamos poco a poco. Necesitamos hacernos sensibles a la diferencia para poder sentirla y eso sólo se consigue exponiéndonos a ella una y otra vez, amplificando los gestos y señales hasta alcanzar un umbral en el que la diferencia se hace visible. Por eso, la diferencia que duele es aquella que tenemos cerca, aquella de la que no podemos escapar fácilmente. La otra la llamamos exotismo, algo por lo que tenemos curiosidad. Más tarde, a veces mucho más tarde, la diferencia se hace concepto, se nombra, entra a formar parte de los relatos que sostienen un grupo, una cultura. A veces para acogerla, pero en general para marginarla. Y todo porque la diferencia nos interpela en lo más profundo de nuestro ser, cuestiona nuestra identidad y nos obliga a abandonar nuestra zona de confort, a reconsiderar nuestras creencias, a revisar nuestras acciones. Resulta sin duda más fácil negarla, marginarla o incluso eliminarla.
Afortunadamente los seres humanos también podemos seguir un proceso contrario. Podemos penetrar en la diferencia y llegar a la esencia de la que emerge. Podemos desprendernos intencionadamente de aquellos patrones culturales que nos llevan a vivir la diferencia como amenaza y empezar a sentir como uno y el mismo el flujo de energía y materia que nos atraviesa y que da forma a todo lo que existe. Podemos suspender por un momento una verdad que nos aleja de la gente y dejar espacio en nuestro ser para acoger lo diferente como manifestación de una verdad mayor por llegar. Si la sensibilidad es la puerta a la diferencia, la intención consciente es el principio de la unidad que sostiene y posibilita toda diversidad. Con voluntad los seres humanos podemos abrir nuestra mente y nuestro corazón hasta acoger con respeto y cuidado toda diferencia, y vivir la vida desde un lugar que nos permita reconocernos en todo lo que es, un lugar que no excluye a nada ni nadie, un lugar que reconoce el valor de ser humano, el valor de la vida, el valor de todo lo que existe. Ese ha de ser nuestro próximo paso.

31 ene 2015

Movimientos, redes y organizaciones

En la sociedad se generan poderosas fuerzas que nos afectan a todos y que mueven a veces a millones de personas. Estas fuerzas actúan en el nivel secundario del campo social, esto es en un nivel que pasa desapercibido a los propios actores sociales hasta que ocurre algo que les da visibilidad. En la terminología del pensador francés Deleuze, el momento crítico en que miles de personas cambian sus comportamientos habituales para dar salida a fuerzas mayores que llevan tiempo actuando en un nivel secundario se conoce como un ‘acontecimiento’ (événement). 

Un acontecimiento es algo inesperado, imprevisible. Desde la perspectiva de los sistemas complejos, diríamos que el sistema atraviesa una bifurcación, un punto en el que pierde su estabilidad para reconfigurarse de otra manera más acorde con el nuevo orden de fuerzas que se crea. En general, la duración de un acontecimiento es relativamente corta, dependiendo de la intensidad de las fuerzas que lo generan. Un acontecimiento es inesperado, imprevisible e improvisado cuando surge. Aunque a partir de cierto momento, lo improvisado tiende a organizarse, a ganar una forma que le permita canalizar positivamente la energía que lo acompaña. El acontecimiento transmuta entonces en movimiento, en un conjunto de propuestas organizadas de cambio social, sostenidas por cientos o miles de personas que creen en ellas.

La historia reciente de este país (España) nos muestra varios acontecimientos sociales de cierta envergadura, destacando entre todos el 15 M, la ocupación pacífica de las plazas en muchos pueblos y ciudades, llevada a cabo por ciudadanos cansados de la mala gestión política de los últimos años. Este acontecimiento fue el origen de un profundo movimiento de regeneración democrática que ha dado lugar a varias organizaciones, algunas tan importantes como Podemos.

No tan impactantes ni con tanta presencia mediática, pero igualmente valiosos desde una perspectiva regeneradora de la sociedad, serían el movimiento por una economía más social y solidaria, el cual, aún contando con una larga historia en este país, adquirió un gran impulso con la propuesta de Christian Felber sobre una Economía del Bien Común. O el movimiento por un diseño sostenible de los espacios habitados, fruto de diversos acontecimientos de carácter internacional, que incluyen la creación y difusión de la Permacultura, concepto ideado por Bill Mollison y David Holgrem en 1978, y la creación en 1995 de la Red Global de Ecoaldeas, todo lo cual condujo a la creación de la Red Ibérica de Ecoaldeas en el año 1998.

Aunque las fuerzas subyacentes que dan lugar a estos movimientos tienen una fuerte componente emocional, esto es son en gran parte resultado de emociones colectivas que se generan como consecuencia de procesos organizativos deficientes, cuando no injustos u opresivos, también producen abundante información y recursos materiales que se extienden por todo el campo social a gran velocidad, condicionando o modificando la forma de pensar y de ver el mundo de muchas personas. En todo acontecimiento social, y el movimiento que le sigue, se produce, se consume y se recodifica una enorme cantidad de información que atraviesa, emocional y cognitivamente, a las personas que forman parte de él, y en general a la sociedad en su conjunto. 

Esta información nos llega en intercambios directos con otras personas implicadas, en la lectura de artículos y libros escritos sobre el tema, en la visión de vídeos y otros materiales gráficos…, nos llega a través de nuestros amigos y conocidos, a través de boletines y revistas afines, de los medios de comunicación de masas, de las redes sociales virtuales…, nos llega como una voz única y monótona que se presenta como la verdad de lo que ocurre, o como un batiburrillo de voces diversas cargadas de visiones parciales de la realidad. Las personas recibimos esa información y asimilamos la que podemos, la hacemos nuestra, la amplificamos o la matizamos, contribuimos a producir nueva información o simplemente la usamos para modificar nuestras emociones, pensamientos y conductas.

Una red, en su sentido más amplio, no es más que una forma de conceptualizar el flujo continuo de información y recursos que acompaña todo movimiento social. Las personas y los grupos son nodos en la red, pero no se trata de nodos pasivos que simplemente reciben información, energía o recursos. Por su capacidad de regular y modificar el flujo informativo que les llega, amplificándolo, modificándolo creativamente, produciendo nueva información y nuevos recursos, personas y grupos son también agentes de cambio social. 

La red es la base de la vida. Ningún ser vivo puede vivir aislado de los demás. Todo ser vivo forma parte de importantes redes por las que fluyen energía, nutrientes o recursos que utilizan para seguir vivos, para asegurar o mejorar su bienestar. Los seres humanos no somos una excepción. Formamos parte de múltiples redes gracias a las cuales podemos satisfacer importantes necesidades básicas, fisiológicas, emocionales, identitarias o espirituales. La red de productores y consumidores de productos ecológicos, por ejemplo, es una red formada por un número creciente de personas que incluye agricultores, repartidores, comerciantes, productores de alimentos elaborados, organismos acreditadores, comunicadores, investigadores y, por supuesto, consumidores. Como miembro consumidor de esta red, me alimento con productos ecológicos y sostengo un conjunto de creencias sobre el valor de una alimentación sana y ecológica que me definen como persona y que forman parte de mi identidad social. Como miembro activo contribuyo a generar y difundir información que resalta las ventajas de una alimentación sana, equilibrada y sostenible. Esta red informal, que cubre todo el campo social, se materializa en montones de grupos, asociaciones y organizaciones, más o menos formales, que la sostienen y le dan visibilidad social.

Las redes nos sostienen, las redes nos hacen, pero los seres humanos también hacemos las redes con nuestra particular contribución. Las redes son el espacio en el que desarrollar nuestros sueños, nuestro potencial expresivo. Normalmente esto no lo hacemos solos, lo hacemos en grupo y para ello creamos proyectos y organizaciones. 

Un movimiento social es, en palabras de Turner y Killian (Collective Behavior, Prentice Hall, 1987), “un conjunto de personas que actúa con cierta continuidad para promover un cambio en la sociedad o grupo del que forma parte”. Un cambio que surge o se ve impulsado por la acción de ‘acontecimientos’ esporádicos e imprevisibles, fruto de importantes fuerzas conflictivas que actúan en el nivel secundario de todo grupo. Unas personas que, convertidas en agentes de cambio, actúan como nodos activos de una red por la que fluyen afectos, informaciones y todo tipo de recursos. Y, unas personas que crean organizaciones con el doble fin de dar salida a su potencial expresivo individual, satisfaciendo así importantes necesidades personales, y de desarrollar y dar forma a una visión colectiva en permanente proceso de definición. 

Es importante no confundir movimiento, red y organización. En el contexto de este artículo, una organización, sea una pequeña asociación cultural, una fundación, un emprendimiento económico, una organización no gubernamental o un organismo público, es la forma en la que se expresa un movimiento, un conjunto limitado de personas y recursos de la red que lo sostiene. En ningún caso una organización concreta puede pretender ser toda la red o todo el movimiento. Una organización puede aspirar a llegar a toda la red con sus propuestas y servicios, pero eso no le debe llevar a confundirse con el movimiento, que no tiene dueño ni se halla sometido a ninguna forma u organización particular. En el ejemplo citado anteriormente del movimiento por una alimentación sana y sostenible, cabe imaginar numerosas organizaciones diferentes actuando cada una con fines propios, a la vez que todas juntas conforman la visión y propósito del movimiento: iniciativas más o menos grandes de productores ecológicos, distribuidores y repartidores, tiendas y puntos de venta, asociaciones de consumidores, entidades de certificación, organismos públicos competentes, etc. Todas estas organizaciones dan forma al movimiento, todas son necesarias para su máxima expresión, a la vez que ninguna de ellas lo define por sí sola. Y lo mismo puede decirse en el caso del movimiento de regeneración democrática anteriormente comentado. Un partido político por sí solo no representa todo el movimiento, aunque pueda servir para encauzar las preferencias políticas de sus miembros. Asociaciones civiles, investigadores, grupos de vecinos, medios de comunicación…, todos ellos son formas en las que el movimiento se reconoce y se expresa. Y como ocurre con los ecosistemas vivos, cuanto mayor sea la diversidad de formas y propuestas expresivas, más sólido y resiliente será el movimiento.

Desde la perspectiva de los sistemas complejos, podemos definir una organización como “un sistema dinámico, complejo y adaptable, que interactúa con sistemas más pequeños en su interior (miembros, equipos, departamentos…) y con sistemas mayores en los que está inmersa (una organización mayor, una comunidad o la sociedad en su conjunto). Las organizaciones tienen fronteras difusas y semipermeables que tanto las separan como las conectan con sus miembros y el entorno en el que se hallan. Como sistema, una organización está formada por las personas que la integran (miembros), por las tareas que debe llevar a cabo para alcanzar su misión y visión, y por los recursos (materiales, financieros, conocimiento, etc.) que necesitan para conseguirla” (Arrow et al. Small Groups as Complex Systems, Sage Publications, 2000).

La teoría organizacional más reciente nos presenta las organizaciones como sistemas vivos en ecosistemas sociales de interacción. Muchas organizaciones existen simplemente para regular el flujo rutinario de información y recursos que se da en todo ecosistema social. Pero en ocasiones se dan acontecimientos extraordinarios que cuestionan dicha regulación rutinaria, se ponen en marcha movimientos que aspiran a cambiar la manera en que el sistema social se autorregula en alguno de sus aspectos (leyes, trabajo, finanzas, educación, salud, comunicación, etc.), especialmente cuando dicha regulación es deficiente, excluyente u opresiva para muchas personas, que no tienen acceso a recursos básicos ni encuentran un cauce para expresar su voz y disconformidad. Estos movimientos se expresan y canalizan a través de múltiples organizaciones creadas por grupos de personas de diferente índole. Cada organización aporta algo y ayuda a su manera a reforzar la red  de información y recursos que sostiene un movimiento y que, en última instancia, alimenta todo el campo social. Por eso las organizaciones son necesarias, tanto como lo es la diversidad que conforma todo ecosistema vivo, en donde totalitarismo es sinónimo de extinción.

28 nov 2014

Conciencia esperanza

Hubo un tiempo en que personas brillantes creyeron que la mente era un concepto vacío, inabordable desde una ciencia estricta. Sólo cabía estudiar los pensamientos dichos y escritos y los comportamientos visibles de las personas. El resto eran meras especulaciones metafísicas sin sentido. Otras personas igualmente brillantes llegaron más tarde para contradecir las anteriores. Claro que se podía estudiar la mente, dijeron. El ordenador, con su parte dura, sus circuitos integrados, y su parte blanda, sus programas, es un modelo perfecto para la mente, con una parte dura, el cerebro, y una parte blanda, que sería ¿qué, exactamente? La respuesta a esta pregunta, desafortunadamente, no estaba tan clara.

En la actualidad personas tan brillantes como las anteriores nos dicen que no hay que confundir mente y cerebro, ya que aunque el cerebro, en realidad todo el sistema nervioso, juega un papel relevante en lo que pueda ser la mente, no es posible reducir la mente a simples conexiones neuronales. ¿Qué nos dicen entonces de la mente? Muchas cosas, tal vez la más relevante sea afirmar que la mente no es una ‘cosa’ sino un proceso autorregulador emergente en un sistema dinámico cuyas componentes son… las diferentes partes de nuestro cuerpo y el conjunto de nuestras relaciones externas. Esto es, que el cuerpo es inseparable de la mente (mente corporeizada), como lo son las relaciones que mantenemos con nuestro entorno social y ambiental (mente extendida). El papel de la mente en este sistema dinámico y cambiante, que es nuestro cuerpo y nuestras relaciones, es regular el flujo de información y energía que nos atraviesa, y que fluye tanto desde dentro como desde fuera. Todas las actividades mentales cumplen esta función básica reguladora, cuyo principal objetivo es que nosotros, afortunados seres humanos dotados de mente, estemos bien. 

Como supongo que no es fácil reconocer las consecuencias de esta nueva visión de la mente, creo que es mejor hacerlas explícitas: todo lo que pasa en nuestro cuerpo y todo lo que pasa en nuestras relaciones influye en nuestros procesos mentales, en nuestras emociones, pensamientos, creencias, actitudes, intenciones, sueños, memorias, creatividad, etc. Y eso incluye el aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que comemos, el paisaje que vemos, las cosas que leemos, los sonidos que escuchamos, el ejercicio físico que hacemos, el tiempo que dedicamos a nuestros amigos, las relaciones que mantenemos con nuestra pareja, con nuestra familia, o en nuestro trabajo, la manera en que nos comunicamos, el lugar o lugares en los que ponemos nuestra atención, el tiempo que dedicamos al silencio, interior y exterior… La mente recoge toda esta información y la siente, la piensa, la clasifica, la almacena, la recuerda, la revive, la rehace, la reenvía, la proyecta, la modula… Todo para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos, satisfacer nuestras necesidades y, en definitiva, estar bien. Aunque, en realidad, hay que decir que la mente hace lo que puede, pues una importante parte de toda la energía e información que nos llega es, sencillamente, dañina, producto de una sociedad industrial, explotadora y destructiva, que apenas siente interés por esa parte de la mente llamada inteligencia. Igual que es dañina la manera en que la mente regula dicha información, siguiendo patrones aprendidos (hábitos, esquemas, costumbres) demasiado rígidos, sin la flexibilidad necesaria para afrontar situaciones nuevas o cambiantes, o demasiado disolutos, sin la capacidad que se requiere para marcar un camino y seguirlo.

Afortunadamente, la mente humana cuenta con una baza oculta llamada conciencia, para muchos un sofisticado dispositivo evolutivo que nos permite observar a nuestra propia mente en acción, tener una experiencia directa de lo que nos pasa por dentro, y con cierta capacidad de control sobre las actividades mentales. Además parece ser que esta conciencia evoluciona, cambia con el tiempo, cambia con la gente y la cultura, influye de diferente forma en los procesos mentales, y propicia incluso nuevas formas de regulación mental, como son hablar y pensar desde el corazón, o desde un lugar que conecta con la sabiduría de todo un grupo; empatizar con otras personas, con otros seres vivos, o con la propia naturaleza; estar con lo que surge y es en cada instante, sin deseo ni juicio; sentir y vivir la vida con plenitud, con ecuanimidad, desde el amor y la compasión infinita. 

Todo un regalo. Y sin duda nuestra mejor esperanza.

31 oct 2014

Armonía y salud

Un aspecto destacado de los sistemas complejos (los seres vivos, incluidos los seres humanos y los grupos que formamos, somos sistemas complejos) es su tendencia natural hacia la integración, hacia la unión armónica de las partes diferenciadas del sistema. En el proceso de diferenciación, las partes de un sistema se afirman en su individualidad, en su ser único y especializado, pero para mostrar todo su potencial es necesario un proceso paralelo de integración, de reconocerse como partes de una totalidad mayor que acoge y da sentido a lo que cada parte expresa por separado (comunión). De acuerdo con la teoría de la complejidad, un sistema capaz de diferenciarse en partes que colaboran armónicamente entre sí alcanza el máximo grado de auto-organización y complejidad. Si, por el contrario, el sistema no mantiene unidas sus partes diferenciadas o no permite una diferenciación real de sus partes, entonces cae en el caos o en la rigidez. En las relaciones y grupos humanos, la armonía es el resultado de una aceptación respetuosa de nuestra singularidad y diversidad como personas (diferenciación) en un espacio relacional sostenido por una comunicación honesta y empática (integración). Para poder vivir esta armonía a nivel personal, es necesario que se de un proceso similar en todos los sistemas que nos constituyen como seres humanos, incluyendo el cuerpo físico, emocional, mental y energético. 
La armonía y la coherencia que resultan de tales procesos de diferenciación / integración son la base principal de la salud y el bienestar. Si todos los procesos que nos afectan como seres humanos fueran armoniosos y coherentes, esto es si en todos ellos hubiera una integración suave y armoniosa de partes diferenciadas abiertas a su máximo potencial expresivo, entonces posiblemente gozaríamos de una salud plena y de mayor bienestar. La enfermedad, en este sentido, es simplemente una falta de diferenciación expresiva (rigidez, opresión) o una falta de integración de partes diferenciadas (caos, individualismo). Si la armonía y la salud es la tendencia natural de todos los sistemas complejos, nuestro trabajo como padres, educadores, terapeutas o facilitadores es claro: liberar la inclinación natural en las personas y en los grupos, en tanto que sistemas vivos, hacia la integración y la armonía, hacia la salud y el bienestar, ayudándoles a superar bloqueos limitantes (rigidez), a detener la tendencia a la disgregación (caos) y a abrirse al flujo relacional que sostiene la vida. Claro que para poder hacer bien este trabajo, necesitamos estar preparados y, bueno, ‘poc a poc’.

29 sept 2014

Una red de vida

Mi vecino está construyendo su casa. Cada mañana nos saludamos y hablamos sobre cómo nos va. Nos damos ánimos y nos deseamos un buen día, mientras él se sube al andamio y yo me siento delante del ordenador. De esta manera, cada día recreamos y reforzamos un vínculo afectivo. Hace dos días necesitaba ayuda para mover unos andamios. Estuve toda la mañana con él cambiando barras y plataformas. Pasamos un buen rato e hicimos un buen trabajo. De esta manera nuestro vínculo se convierte en espacio de apoyo y sostén. Un día se le acabaron los materiales y necesitaba dinero para comprar más. Le ofrecí un préstamo para que me lo devolviera cuando pudiera, poco a poco, sin prisas. Compró ladrillos, cemento y algunas otras cosas que necesitaba para seguir avanzando. De esta manera, nuestro vínculo permite encauzar energía de quien la tiene a quien la necesita. 
Un vínculo es un simple hilo en una red que nos conecta con otras personas y con el mundo, es una abertura, un camino, un pequeño paso por el que me conecto con personas cercanas, personas que a su vez estarán conectadas con otras personas, y éstas con otras y con otras hasta el infinito. Al cuidar mis vínculos, no sólo cuido a las personas que me rodean, estoy igualmente cuidando y nutriendo la red que nos sostiene a todas. Esta red, por la que circulan afectos, energía, conocimiento y todo tipo de recursos, se nutre de lo que cada uno de nosotros aporta. Cuanto mayor sea nuestra aportación, más sólida y resistente se hace, mayor es su capacidad de nutrirnos de vuelta. En realidad, esta red es todo lo que necesitamos para vivir, es una red de vida, es el tejido de la vida, sostiene la vida y ha sostenido a los seres humanos durante miles de años. ¿Acaso ha dejado de funcionar?

No, evidentemente no ha dejado de funcionar. Sigue nutriendo y alimentando el planeta entero. Sólo que los seres humanos nos hemos ido alejando paulatinamente de ella, pensando ingenuamente que para sostenernos bastaba crear un mercado (otra forma de red) que nos permitiría conseguir todo aquello que necesitamos para vivir. No sabíamos, o no quisimos saber, que el precio era alto, que el mercado no regala nada ni nos da todo lo que necesitamos, que está hecho para el lucro de unos pocos y la miseria de muchos, que habríamos de trabajar mucho para apenas conseguir nada. Y es que el mercado capitalista no es en realidad una red de vida. Productos y servicios sólo se ofrecen desde unos pocos productores a una gran masa de consumidores pasivos. Para poder acceder a ellos, las personas deben trabajar duro y pagar un precio que multiplica descaradamente su valor real. No hay un intercambio real, no hay saberes compartidos que se alimentan desde todas partes, no hay creación colectiva. Y lo que es peor, no hay calidez ni flujo afectivo, o lo transforma en un producto más que se compra y se vende.  

No, el mercado capitalista no es una red de vida, no lo necesitamos, aunque soy consciente de que no podemos prescindir totalmente de él mientras no tengamos una alternativa mejor. Esa alternativa esta emergiendo en estos momentos, lentamente, aquí y en otros muchos lugares del mundo. Miles de personas están creando nuevos vínculos entre sí, tejiendo redes de proximidad por las que circulan alimentos de la huerta, espacios para vivir y compartir, saberes de antiguos oficios, plantas medicinales para una salud integral, nuevas formas de comunicación y organización, diversas especies de dinero y moneda, nuevas formas de financiación…, pero sobre todo circula también calor humano, cercanía, conexión, presencia, alegría, reconocimiento, respeto, vida! Todo esto está ocurriendo ahora mismo, delante de tus ojos. Continuamente te llegarán oportunidades de participar. Puedes dejarlas pasar o abrirte a ellas, sabiendo que al hacerlo estás nutriendo la red que sostiene la vida, la red que nos sostiene a todos. Gracias.