30 mar. 2016

Los fuegos más buscados

Cuando llega la noche se encienden todos los fuegos. Algunos alumbran oscuras cavernas en las profundidades de la Tierra. Otros alimentan menguadas hogueras con las que se calientan millones de personas. Los más buscados, los que solo son visibles en la sonrisa expectante de una niña, en la calurosa mirada de un amante, o en el rostro relajado de una anciana que ha visto cumplir sus sueños, mantienen viva con desigual fortuna la llama que nutre nuestros corazones.

29 feb. 2016

Rayos de luz entre oscuras nubes

Me gustaría escribir sobre la vida y la muerte con las sabias palabras de los ancianos, capaces de trascender en unas pocas frases la frágil línea que separa ambos mundos. Trato de imaginar en qué puede consistir la leve carcasa de mi ser, una vez desprendida del cúmulo de vivencias de un yo que, por imaginario o construido pero en todo caso pesado, tiene vedado el acceso a un más allá reservado solo para lo más ligero y sutil. Y no lo consigo. Solo me llegan palabras, las venerables palabras de los ancianos, repetidas una y otra vez como un mantra que para muchos abre puertas, mientras que para otros las cierra. Tal vez las palabras fueran claras en su tiempo, ahora urge reinventarlas para encajar en ellas sensaciones apenas perceptibles. Es fácil decir que todos somos uno, que todo es energía o que estamos interconectados, es fácil entenderlo y sentirlo en las historias que construimos cada día, puedo incluso imaginarme haciendo de esta idea algo tan poderoso que toda mi vida se ajuste a ella, sin un asomo de duda o temor. Puedo imaginarme siendo un auténtico creyente. Casi diría que no hay nada que añore más, pero de qué serviría sucumbir a una creencia si lo único que demuestra es el poder de una idea, poco o nada de la realidad de las cosas. Me siento atrapado en una mente que busca pruebas, qué duda de las historias de otros simplemente porque no son su historia, o porque piensa que sólo son palabras, meras palabras. Y por otra parte, ¿qué otra cosa puede hacer este pequeño yo que dudar?, ¿qué otra cosa puede hacer para no convertirse en el adalid de una verdad que otros vivirán como impuesta?, ¿qué sabe él de la vida y la muerte, atrapado como está en el miedo a morir? Ese soy yo, de lo que pueda ser más allá de eso no sabría qué decir, apenas son sensaciones deslavazadas y fugaces, momentos imperceptibles de luz entre oscuras nubes. 

31 ene. 2016

Un buen retiro

No hay nada como un buen retiro de vez en cuando, alejarse del persistente ruido que perturba nuestra mente, a veces desde las mejores intenciones e ideas para cambiar el mundo. ¡Es tan fácil dejarse atrapar por aquello que alimenta nuestro ego! Es agradable, y sin duda necesario, poner nuestro esfuerzo en aquellos proyectos que llevan en sí la semilla del cambio, es un hermoso camino de autorrealización poder expresar con palabras y actos todo nuestro potencial, nuestro saber y experiencia acumulados en muchos años, es un maravilloso privilegio sentir que tienes algo que decir y que otros te escuchan. Con todo, es necesario ser precavidos. Las ideas, por muy lindas o brillantes que nos parezcan, son sólo ideas, tienen sus propias estrategias y apenas les importa quiénes somos, penetran y ocupan nuestra mente y nos llevan a creer que no podemos vivir sin ellas, nos quitan tiempo de descanso, de silencio y de amistosa relación para que nos dediquemos exclusivamente a ellas, nos atrapan, nos confunden, nunca nos dejan solos, nos acusan y nos hacen acusar a otros, llegando incluso odiar a otras personas que no piensan como nosotros. Y no digo que no necesitemos ideas que nos inspiren, nos motiven y nos permitan expresar nuestro ser y nuestro amor por el mundo. Sólo digo que, de vez en cuando, cuando nos sentimos absorbidos por tantas ideas, propuestas, proyectos, inmediatos haceres, que reclaman nuestra presencia consciente, llenando un tiempo que ya no deja espacio para el descanso, para un compartir íntimo y silencioso con uno mismo, entonces es necesario alejarse de todo ello, visitar uno de esos muchos lugares que transmiten paz, reconectar con la fuente que sostiene la vida, sin palabras, ni proyectos, ni obligaciones. Sólo murmullos, en el discurrir del agua, el trepidar de las hojas, el canto de los pájaros, y sí, la voz suave, cariñosa y amable de quién encuentres a tu paso.

1 dic. 2015

Fronteras políticas

Nunca me he sentido a gusto con las fronteras políticas, aun cuando una vez me declaré una persona fronteriza. Las fronteras naturales y culturales son lugares mágicos, cargados de energía, abiertos a influjos muy diversos. Al atravesar una frontera una persona puede sentir incertidumbre o cierto temor ante lo desconocido, a la vez que se nutre de una corriente profunda que recorre sin cesar el tránsito entre ambos mundos. De un lado a otro nos esperan otras gentes, otras palabras, otras costumbres, otras forma de estar y relacionarse, un paisaje moldeado diferentemente por el clima y las costumbres humanas… Fronterizas son las personas que prefieren vivir en los límites de cualquier sistema, que inventan sus propias normas y prácticas, que incorporan palabras de aquí y allá en su expresión cotidiana, que no se conforman con ningún saber ni poder establecido. Las fronteras políticas son otra cosa, básicamente un apropiamiento de un territorio por un grupo de personas que dice tener derechos sobre él. Nunca me han gustado, durante siglos han sido la causa de innumerables guerras, también son cárceles para algunas personas que no pueden huir de su miseria, o condominios de lujo para quien no quiere compartir sus privilegios. “No existe nada más odioso que las fronteras —decía ya en 1918 Herman Hess—, nada más estúpido. Mientras reina el buen sentido no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan la guerra o la demencia, se convierten en importantes y sagradas. ¡Y entonces se convierten en tortura y prisión, para nosotros, los caminantes!” Para nosotras, las personas fronterizas, para quienes no creemos en dogmas ni en verdades absolutas, para quienes la humanidad es una y la Tierra nuestra casa.

5 sept. 2015

Mind in life

Mind in life es el título de un libro que estoy leyendo en estos momentos y que ha sido escrito por Evan Thompson, colaborador de Francisco Varela y coautor de la teoría enactiva de la mente. Esta teoría afirma algo bien sencillo: donde hay vida hay mente, incluso en su forma más compleja la mente pertenece a la vida. Todos los seres vivos, desde la célula más simple al sofisticado ser humano, tienen por tanto mente, o mejor dicho, realizan actividades que se pueden llamar mentales. No es necesario disponer de un cerebro para aprender y responder ‘inteligentemente’ a las demandas de un entorno cambiante, basta tener un ‘cuerpo’ capaz de organizarse autónomamente y de relacionarse (en)activamente con el mundo. El cerebro sólo aparece cuando la vida se pone en movimiento, es un elemento básico para la coordinación de percepción y acción. El sistema nervioso del que disponen algunos seres vivos añade complejidad a la mente, pero no cambia su esencia. No ‘controla' el cuerpo ni el comportamiento. Se trata de un sistema autónomo que se dedica a generar y mantener sus propios patrones de actividad de manera coherente y significativa, a partir de la información que le llega desde el propio cuerpo y de las relaciones que establece dicho ser vivo con el mundo. Toda actividad mental (percibir, pensar, sentir, imaginar…) es el resultado emergente de recurrentes patrones de actividad que implican al cerebro, al cuerpo y al mundo. “Mental life is bodily life and is situated in the world”, afirma Thompson. Por otra parte, ese mundo que percibimos y con el que nos relacionamos no es en realidad algo externo y dado objetivamente, no es algo que podamos representar internamente en nuestra mente (tampoco es algo ficticio o irreal). Es más bien un dominio relacional, diferente para cada ser vivo, recreado en cada instante, en cada interacción que dicho ser vivo mantiene con él. Los seres humanos, todos los seres vivos, todos los seres, cocreamos el mundo en cada instante, con cada decisión que tomamos, con cada paso que damos, con cada acción, cada encuentro. Nos hacemos a la vez, el mundo y nosotros, el mundo nos hace y nosotros hacemos el mundo, en un proceso espiral en el que en cada vuelta la conciencia se expande y el espíritu se manifiesta.

30 jun. 2015

Serenidad

Siempre viene bien un poco de serenidad, un horizonte limpio y sin nubes en la raíz de la palabra, un alma tranquila, apacible, límpida, en su significado moderno. No es extraño que nuestro horizonte interno esté cargado de nubarrones, ideas no contrastadas, prejuicios, apegos, recuerdos emocionalmente activos, expectativas imposibles…, que nos llevan a actuar desde el temor a ser destruidos por nuestra tormenta interior, sin poder ver qué hay más allá de lo inmediato, y a buscar refugio rápido en patrones tan conocidos como inútiles, cuando no perjudiciales, aferrándonos a ideas que una vez hicimos nuestras sin cuestionarnos si todavía nos sirven. De hecho, casi siempre actuamos desde ahí, desde el temor a la gran nube gris que cubre nuestra visión profunda. Un alma serena es un alma abierta a la inmensidad azulada de un cielo y un mar en la que todo se diluye, todas las ideas, pasadas, presentes y futuras. Es un alma abierta a la nada, a ese espacio vacío en el que todo es posible, y del cual emerge todo lo que es. Encontramos serenidad adentrándonos en silencio en un bosque profundo, contemplando el cielo en una noche estrellada, escuchando el rugir de las olas junto al mar, o simplemente cerrando los ojos y respirando, sintiendo que estamos vivos.

3 jun. 2015

Notas sueltas sobre la idea de participación

En todo grupo u organización, en una sociedad cada vez más global y enredada, la participación es importante al menos por dos razones: Como necesidad individual la gente quiere que su voz sea escuchada y tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones que les afectan. Y como necesidad colectiva, los grupos necesitan suficiente diversidad para generar procesos indagatorios y decisorios creativos e innovadores, capaces de dar respuesta a los difíciles y complejos retos que se les plantean.

A nivel individual se debe distinguir entre la necesidad de pertenencia y la necesidad de participación. La primera es una de las necesidades más básicas del ser humano, tan antigua como él mismo. Ser parte de un grupo, ser aceptado y reconocido por sus miembros, recibir afecto y poder dar afecto, todo ello ayuda a conformar nuestra identidad social, a sentirnos cómodos en un yo que se nutre y crece en la relación que mantiene con otros individuos de un mismo grupo. Por el contrario, la necesidad de participación es más reciente, e implica un salto de conciencia desde un individuo al que le bastaba con 'ser parte', con ser aceptado y acogido, a un individuo que quiere además 'tomar parte' en las decisiones colectivas y que su voz sea escuchada y tenida en cuenta en procesos decisorios a poder ser transparentes e inclusivos. Si antes las decisiones eran exclusiva de líderes y poderosos, el individuo participante reivindica ahora la creación de espacios de participación en los que quepan todas las voces, en los que todos puedan aportar sus conocimientos y experiencias, y en los que algo nuevo puede emerger. Pero así como todo el mundo necesita afectivamente ser parte de algún grupo, no todo el mundo necesita participar activamente en la toma de decisiones, y menos cuando el espacio decisorio se basa exclusivamente en el uso racional de la palabra, algo que no es fácil para mucha gente y que genera diferencias insalvables. Otras formas de participación son necesarias.

La necesidad de participación es reciente porque depende de un individuo consciente de su poder, consciente de su capacidad para influir en procesos relevantes para el y para el grupo del que forma parte, consciente de que el grupo necesita de su participación. Esta conciencia no ha existido a nivel masivo hasta hace relativamente poco, y su aparición coincide con la creciente complejidad de los procesos sociales y la consolidación de los valores democráticos. A lo largo de la historia del ser humano, las decisiones han estado en manos de líderes, más o menos democráticos, más o menos elegidos, pero siempre con el poder para hacerlas cumplir, fuera cual fuera la decisión, aunque hubiera que recurrir a la fuerza para ello. En la actualidad este tipo de liderazgo no sirve, incapaz de dar respuesta a los retos que plantea la complejizacion del sistema social. No es por casualidad que cuando los grupos y organizaciones humanas requieren más participación para afrontar los retos a los que se enfrentan, las personas van ganando conciencia de su ser como individuos participantes, empiezan a reconocer su necesidad de participación, de mostrarse activos en aquellos procesos de los que forman parte.

La necesidad de participación, individual y colectiva, desafortunadamente no va acompañada de un saber sobre cómo participar o cómo generar una participación mayor o de más calidad. Habituados a patrones de no participación, a espacios en los que las decisiones se toman por la fuerza, por quienes tienen poder, o por votaciones en las que una mayoría se impone sobre una minoría apenas considerada, cuando no por la intervención de un tercero que dirime entre partes enfrentadas, personas y grupos reproducen inconscientemente los mismos esquemas de dominación encubierta o control de la mayoría en un intento desesperado de “resolver” situaciones difíciles en espacios que inicialmente quieren ser más participativos e inclusivos. En este contexto, la facilitación de grupos es una herramienta que pretende dar respuesta a la necesidad de los grupos de mejorar sus procesos decisorios e indagatorios y alcanzar resultados que satisfagan por igual los objetivos del grupo y los diferentes intereses de sus miembros.