29 sept. 2013

Contaminados

Podridos por dentro, desde las entrañas, exudando metales a través de la piel, cargados de tóxicos que acompañan todo lo que comemos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, afectados por los genes modificados de la soja y del maíz, contaminados hasta la médula. Siento mi cuerpo cansado, abotargado, gritando callado ante ese flujo de sustancias desconocidas que nos destruyen lentamente. Siento el grito ahogado de mis órganos, la rabia creciente de mis células. ‘Rompiste el contrato’, gritan con desespero, ‘somos tú, ¿por qué no nos das lo prometido? – aire, agua, alimentos sanos’. Contaminación de tejidos e intersticios, por ondas de frecuencias disparatadas, por partículas invisibles que saturan el aire. Todo un exceso de polución, de radiación, para un cuerpo frágil, hecho de barro. Contaminación en el alma, por insoportables ruidos que ocultan el silencio, el latido rítmico de la tierra, en las calles, en los mercados, en discusiones rimbombantes para egos insatisfechos. Por tantas cosas hechas sin gusto, sin amor ni pasión, apenas pensadas para mantener a algunas personas ocupadas mientras otras se llenan los bolsillos. Por una cultura incapaz de cuidar a sus seres queridos.
Contaminados, enfermos, tristes…, no es éste el destino del ser humano. ¿A qué esperamos para cambiarlo?

1 comentario:

  1. Es difícil tratar de contener la marea con las manos. Yo empecé por ser bióloga, vivir en un área rural, criar mis propias gallinas, no comer carne tan a menudo y no tener hijos.

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