18 feb. 2012

Sabiduría natural

Durante mucho tiempo pensé, ingenuo, que la inteligencia era un asunto humano, que plantas y animales sólo respondían a impulsos e instintos naturales alejados de la sutilidad y profundidad de nuestro pensamiento, esa maravillosa facultad humana para combinar símbolos e ideas, sobre la que se asienta la política, la ética, la ciencia y la cultura. Aprendí después que algunos animales podrían disponer de una conciencia suficientemente avanzada como para comprender y manipular símbolos y, por tanto, con la capacidad, de alguna manera, de pensar. Con todo, lo más importante ha sido descubrir que la inteligencia no es exactamente una cualidad individual, sino una propiedad de ciertos procesos, no sólo mentales también naturales. Y aunque la mente humana en su conjunto ha sido capaz de producir grandes obras científicas o artísticas, no hay que olvidar que algunos procesos naturales, como la fotosíntesis, la respiración o la visión, revelan una inteligencia sin igual inalcanzable por el momento al ser humano. A no ser que abandonemos la perspectiva ingenua de la inteligencia como capacidad individual para el razonamiento lógico-deductivo y empecemos a fijarnos en los muchos y exitosos procesos naturales, no tanto para imitarlos sino para aprehender su esencia y sabiduría.

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